
Hoy en la tarde, vi el noticiero que transmiten los canales de televisión abierta a la hora del almuerzo, cosa que no hago habitualmente, y de toda la vorágine que acompaña al tranSANTIAGO en todo momento, me llamo la atención una declaración de un usuario (en este caso usuaria) de dicho sistema de transporte.
Ella, siendo una provinciana de tomo y lomo, declaró estar en Santiago esa semana y ocupar el transantiago. Su molestia, porque son todas molestias (todos reclaman por los demás, hasta los provincianos), tenia relación con el concepto del “contribuyente” capitalista. Porque si pago impuestos (soy contribuyente de esta republica) tengo que usar transporte deplorable y mas encima, los santiaguinos se enojan y se molestan, siendo que al menos su sistema de transporte utiliza maquinas medianamente modernas, calles medianamente habilitadas, y conductores medianamente educados. Algo así fueron sus palabras, no las pongo como cita debido a que evidentemente no recuerdo como exactamente las dijo.
Si tiene razón o no, ni idea. Pero que llama la atención, claro que si.
Es importante tener en consideración que a pesar de que el sistema de transporte es un sistema privado, y que solo es labor del estado fiscalizar (vamos a crear una nueva tipologia, no existe el estado benefactor, existe el estado fiscalizador), de alguna u otra forma, el mantenimiento de paraderos, el asfalto en las calles, o la planificación (buena o mala insisto, aun no llego a los juicios) son producto del desembolse de las arcas fiscales.
Ahora bien, si le echamos un vistazo al transporte en regiones, le damos crédito enseguida a esta mujer provinciana. Las maquinas son añejas, los chóferes unas bestias, y los empresarios de la ‘locomoción colectiva’ unos mafiosos[1], y podríamos seguir enumerando (existirá alguna base de datos que explicite material empírico a lo que me refiero?) características negativas, que para eso somos especialistas.
El caso es que entiendo que la mujer provinciana no aserto ni tampoco erró.
No me voy a referir respecto al caso “Zamorano-Transantiago”, no por que me parezca patético como un ser humano puede lucrar con la emocionalidad de la gente (pueblo NO, porque es un concepto clasista) o con la simpatía que le tenia la clase política chilena, o hasta con la empleabilidad del servicio publico (300 palos??!!), sino simplemente porque me gusta festinar de estos personajes. Es increíble como arman y desarman circos en televisión, y haciendo alusión al jueguillo de palabras que hacia un compañero “La televisión la forjamos como sociedad, o
Con respecto a la planificación del plan Transantiago, quisiera detenerme un segundo, a pesar de no tener antecedentes concretos de los informes que se entregaron (en todo caso nadie conoce a los responsables del Transantiago, porque evidentemente Zamorano no sabe ni siquiera diferenciar entre esfera publica y privada, o sea Zamorano no fue).
Ese grupo de personas, imagino profesionales y técnicos de diversas áreas (incluyendo
Confió en que los santiaguinos se acostumbraran, en que la oposición solo reclamará y no enviará propuestas, en que Zamorano desaparece de todo medio de comunicación, que el Gobierno por fin hará algo que tenga que ver con el progresismo de verdad, en que algún día en regiones veamos “liebres” o buses decentes, en que los conductores del transporte actuaran de una forma cortes, y muchas otras cosas mas, que a veces no pasan por un cambio idiosincrásico.
Lamentablemente no confió, en que como usuarios cambiemos nuestra manera de vislumbrar un servicio de transporte (que en lo ideal sea publico publico[2]), y así será… nos acostumbramos a la contingencia, y no somos capaces siquiera de analizarla, sabemos solo usar su carácter descriptivo, lo mismo que me ocurre a mi ahora.-





